CASA ANAYA Pucallpa, Ucayali. AC. 425 M2 / AT. 1,200 M2 

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LA PRIMERA MIRADA EN LA ARQUITECTURA

Es, sin duda, aquella primera vez que un arquitecto llega a un lugar donde ocurren cosas que no siempre son fáciles de explicar.

Todo su conocimiento, lo que ha experimentado, lo que ha vivido, lo que ha creado y construido, su relación con el territorio y muchas cosas más afloran en ese decisivo momento. Aquella mirada captura algo especial de cada lugar. Hay quienes lo llaman intuición. Pero es probable que sea, más bien, el resultado de todo lo caminado que va afinando una mirada singular.

El arquitecto se lleva consigo aquello que el lugar le revela y lo contrapone con los requerimientos del encargo. Es en ese encuentro donde comienza a configurarse la idea de una experiencia singular: algo que podemos llamar Arquitectura.

Luego vendrá el trabajo. La técnica, los costos, los materiales, los sistemas constructivos y un largo camino, siempre necesario, para materializar de la mejor manera aquello que comenzó en ese primer encuentro con un lugar.

Porque la Arquitectura comienza mucho antes de dibujarla.

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“La acogida de la casa es entonces tan completa que lo que se ve desde la ventana pertenece a la casa también”. Bachelard, G. (1965).

La primera vez que ingresamos a este lugar quedamos maravillados con la atmósfera que existía en torno a 3 árboles, las historias de los propietarios al rededor de los arboles, las hojas en el suelo, las sombras que estos proyectaban y una casita de madera que parecía querer resguardarse bajo sus generosas ramas.

Se configuraba así este remanso en el centro de una ciudad amazónica tan intensa como Pucallpa. Aquí teníamos que proyectar una casa para una familia grande, con hijos, con nietos, con ganas de estar juntos sin perder independencia. Nuestra propuesta sólo sería una contribución a aquello que ya existía.

Respondiendo a esta condición, la casa se desarrolla en función de tres patios internos, que van graduando la intimidad en los ambientes internos. De esta forma la casa construye un recorrido que va alejándonos de aquel contexto de condición urbana y a través de diversos momentos, cual guion cinematográfico, nos va conectando a la atmosfera generada por ella misma y la presencia de tres grandes árboles.

El programa singular responde a las necesidades de una familia que cada año pasa una temporada en esta ciudad. Los abuelos viven permanentemente aquí, y los hijos, ya con familia cada uno, vienen a visitarlos todos los años. Para los espacios y sus articulaciones responden a la necesidad de compartir sin perder la independencia.